Cómo la armo? (La Mocha)
Algunos dicen que a la hora de armar la mochila, lo mejor es pensar en lo que necesitás para vivir una semana, meterlo adentro, y cerrarla. Es una manera de simplificar algo que por lo general parece bastante complicado, aunque empecé a dudar de su eficacia el día que me crucé con Sabina, en el medio del desierto, arrastrando una “Samsonite X-V48hJ Litium-Unbreakable” y me dijo: “y bueno, qué querés, yo le metí todo lo que necesito para 7 días!”. El botiquín de cosméticos lo llevaba aparte, pero eso sí, su Samsonite, entre toda la arena, tenía dos rueditas.
Como creo que no hay una ciencia cierta respecto al tema, procedo a la ya clásica, famosa, conocida y siempre bien ponderada “listingui”. En esta oportunidad, la de epítetos que no deberían faltarle a la mocha de todo buen armador de mochas:
- Mocha: clave. La mocha tiene que ser una mocha. De las que no tienen rueditas ni son irrompibles. Pero de las que te colgás en la espalda y empiezan a formar parte de tu cuerpo. Las mismas que no se traban ni en la cinta mecánica del aeropuerto ni en la vereda, y ésas que te dejan las dos manos libres para agarrar todo lo otro que vayas acumulando durante tu largo viaje, como bolsas con boludeces o la mano de una linda chica. Si sos de los que a pesar de todo necesita clavarse un primer viaje con valija, bienvenido, pero no digas que TrancaroLa poR el mundo no te recomendó que llevaras mocha.
- Liviana: la vas a llevar a todos lados, y nadie la va a levantar por vos. Si viajás por mucho tiempo y está pesada, la vas a terminar odiando.
- Funcional: a la hora de elegir las cosas, está bueno pensar para qué situaciones te sirve cada una, de qué tipo y número de imprevistos te pueden salvar. Tener una remerita a lunares que combina con la bufanda fucsia está buenísimo, pero el rompevientos impermeable con polar desmontable que no tiene lunares y no hace juego con la bufanda fucsia tal vez sea más apropiado.
- Acotada: el pañuelito que te regaló la Tía Marta para el día del repollo colorado es fantástico, pero la Tía Marta es muy regalona y si ponés cada una de sus ocurrencias podés terminar con dos mochilas en vez de una, sino con la Tía Marta a upa. Pensá sólo en lo imprescindible.
- Ordenada: algunos me tildarán de “Mimimi”, pero este punto es justamente el que te evita hacerte acreedor de “El Gran Mimimi de Oro” al final del viaje. Y todos y Cabar más que nadie (Brasil 2009) sabe que ése es un honor del que todos prefiren privarse. De mi amiga Luciana aprendí algo buenísimo: una vez que doblaste la ropa, enrollarla y ponerle una bandita elástica alrededor (a cada cosa por separado). Así se mantiene todo ordenado y sin arrugar, fácil de encontrar, manipular y distribuir.
- Inteligente: si se viaja con amigos, está bueno poder coordinar y las cosas que necesitan todos pero que nadie quiere llevar o que es al divino botón que todos lleven, distribuírselas. Ejemplo: shampoo, crema, cartas, dados y todo eso.
- Alfabeta: Una mochila sin biromes es una mochila analfabeta. Parece un dato de color, pero son siempre necesarias.
Algunas cosas que no pueden faltar en la mocha:
- Bolsas. El oro en polvo del mochilero. Sirven para todo y no pesan nada. Y tené en cuenta de que si sos “el que llevó bolsas” tus amigos te van a manguear. Llevá muchas!
- Bolsas Ziplok. Gracias Javi por el aporte! No sé cómo me las había olvidado. Son clave para guardar cosas, desde los documentos importantes que no se pueden mojar hasta las medias sucias que no pudiste lavar. El oro en polvo del mochilero del siglo XXI.
- Alicate.
- Pinza de depilar. (Sí, si no sos mina también te puede servir para sacar astillas, vidrios o etcéteras incisivos).
- Linterna (dependiendo el destino, siempre que sume algo más que peso).
- Cubre mochilas.
- Costurero (hilo, agujas, alfileres, tijerita)
- Botiquín (con lo imprescindible. Por lo general en todos lados hay farmacias, y salvo algún remedio que ya sepas que lo necesitás específicamente, se consigue todo. Yo, por ejemplo, me llevé el antibiótico que tengo que tomar si me perforo el tímpano. Y me vino al pelo.)
- Dentro del botiquín, el termómetro no pesa nada y siempre viene bien. Sobre todo cuando volás de fiebre y no lo tenés.
- Pastillas para la garganta. (recomiendo fervientemente los sprays que se aplican directo sobre “el foco del dolor”, los hay naturales, tipo propolio, o los artificiales, tipo Ernex. Los dos van.
- Adaptador de electricidad universal. (Hay algunos que van de un tipo de enchufe, al universal. Estos son tramposos, porque les podés enchufar cualquier cosa pero no enchufarlos en cualquier lado. Cuando cambiás de país necesitás otro).
- Toalla. Un clásico entre los algo de los “pero la re puta madre, sabía que estaba olvidando algo!”.
- Tapones para los oídos. Para cuando otros tienen tantas ganas de fiesta como vos de dormir.
- Portavalores: lo pongo en esta listingui, pero recuerden o bien llevarlo en la cintura o bien releer mi experiencia al llevarlo en la mochila.



