“Agasajados con la famosa hospitalidad árabe-marroquí”, “Un tránfuga nos extorsiona en el cementerio” y “El misterio de la abuelita” (Tétouan).
La primera parte de este post está acá: “Acoso antes de la hospitalidad: conocer a Mohamed en Tétouan.”
El misterio de la abuelita.
A pocos metros de una de las siete puertas principales que separan la laberíntica (o se dirá laberintosa?) medina de Tétouan de la chata ciudad moderna, reposa la que hasta nuestro arribo era por muchos conocida como “Pensión África” y que después de nuestro paso se ha hecho célebre como “El Palacio de Reina Ani AHH AHH ¡Larga Vida a Su Majestad!”
En todos los barrios hay una mezquita (foto), una fuente, una Madrasa (escuela coránica),
una panadería y un hamman (baño árabe).
Junto al Palacio Real hay dos de las 7 puertas, y entrando por la de la izquierda,
a 20 metros se encuentra Pensión África.
Uno de los pocos edificios interesantes del lado moderno.
También en la parte nueva de la ciudad.
Más de afuera de la medina.
Hasta allí nos lleva por vez primera Mohi con la excusa de que, a diferencia de lo que pasa en las pensiones de €3 en donde abundan la roña solidificada y el tufo rancio (por lo menos eso es lo que yo deduzco por cómo frunce el ceño mientras se tapa la napia), la pensión de su abuelita cuesta €5 porque Doña Khadija*, a pesar de la edad, sigue siendo una nona muy pulcra y, por ejemplo, se depila rigurosamente cada año (o sea que, en el peor de los casos, la pensión olerá a viejo/a, pero a sucio jamás). Además, como si el dato capilar fuera poco, nos insiste una y otra vez con que allí estaríamos como en casa.
*segundo nombre de mujer más común de Marruecos.
Una que aunque sea fea sirve para recordar a Mohi (sust. del árabe, Mohamed).
Será la abuelita enabuelitado?
Afeitándose. Lo propio haría la mamá de la mamá.
Acaso la nona después de las 12 junto a un anciano? (Dentro de la medina).
Antes de llegar a Tétouan nos sinceramos con nosotros mismos y comisión du análisis mediante concluimos en que es bastante sonso y propio de dos turistas alemanes “beigecitos” e inexpertos, seguir pagando €5 la noche y nos juramos y perjuramos que nos vamos a poner re heavies re jodidos en el regateo hasta conseguir una de €3. Esto, sumado a que luego de un exhaustivo análisis de las paredes de la habitación encontramos la abominable ausencia de enchufes varios (¡no hay ni uno!) hace que, muy a pesar de Mohi y su abuelita, enfilemos hacia nuevos horizontes.
Malo. Así me pondría a la hora de regatear.
(Foto de Aniko Villalba)
Una secuencia de pelea por regateo.
Lo que se vende es un gallo/gallina.
Pero cuánto me lo querés cobrar, atorranta? – La habría increpado.
No hay acuerdo.
Refunfuñando, Mohi nos acompaña hasta otra pensión 20 metros más adelante sobre la misma calle. Habla en árabe y de mala gana con quien no tardo en descifrar es el nieto de la abuelita dueña de esa pensión, y nos consigue una promo increíble de dos duchas al precio de una, quedándonos el importe final, para los dos, por una noche y en una habitación sin nada de luz y mucho más chica, pero con enchufes, en sólo €9. Sin preguntarnos si acaba de terminar el invierno y empezado las ¡LIQUIDACIONES DE PRIMAVERA! ni si “questa nona parla italiano e per questo le piache molto fare un discontino a questi ragazzi qui tambieno parlan il italiano piu meno” porque la situación no lo amerita, decidimos concluir que seremos sonsos, pero preferimos pagar €0.5 más per cápita y conocer una abuelita higiénica antes que a una que nos ratonea las duchas.
Gente que lamentablemente tiene que recirrir a pedir.
Otra.
No se los ve tanto, pero hay gente que realmente no tiene nada.
Una chica que sí tiene trabajo.
Dos peleando.
Nos convertimos así en los nuevos huéspedes en “Mohi´s Nona Pensión”, y al ser los únicos comensales en el recinto, nos damos el lujo de acaparar dos habitaciones, una con llave para las mochilas y otra con vista a una foto del mar para nosotros.
Como toda casa árabe, los ambientes se organizan en función de un patio central.
Nuestra habitación.
Otra toma que nos termina de enseñar la totalidad de la habitación.
A propósito, la foto dónde está?
Como cada vez que estamos recién llegados a un nuevo lugar, lo que más me sale del alma es un TrancaroLeo camístico para recuperar energías y chequear la naturaleza del colchón. Sin embargo, Mohi sigue al acecho en planta a baja y pasa muy poco tiempo antes de que nos llamen para ¡invitarnos a almorzar! ¡Grata sorpresa! Con el hambre que tenemos y parece que encontramos a un marroquí que entre su mucho palabrerío dice algo de verdad. El plato con el que comienza una serie de agasajos que nos hará sentir por vez primera todo lo que alguna vez supimos escuchar sobre la hospitalidad árabe-marroquí es un cous cous de pollo que cocinó Fatima* la señora de la casa y que para mi sorpresa sólo nos sirve, pero sin sentarse a comer.
*Nombre de mujer más común de Marruecos. Los otros nueve son Khadija, Aicha, Naima, Malika, Nadia, Rachida, Fatiha, Samira y Amina.
Malika? Tal vez.
Rachida? En una de ésas.
Samira? Por qué no?
La abuelita? No…
Recuerdo que mi vieja de chico siempre me decía, angustiada: “¿Andrés, cuando vayas a comer a la casa de la familia de tu prometida vas a seguir agarrando el tenedor sumergiendo los dedos en el ´estregonof´? Te voy a mandar a lo del Conde Chicoff (?).” Nunca se imaginó que una ricachona cogotuda jamás se fijaría en un hippie simpaticón bajo un montón de rulos. Lo que más bien me depararía el futuro, según mi carta astral, es vagar por países exóticos en donde me enseñan a comer con la mano, actividad en la cual, obviamente y dada mi vasta experiencia previa, me desempeño como ornitorrinco cazando lo que sea que un ornitorrinco suela comer (¿o son vegetarianos?). Y en esta oportunidad lo demuestro con creces ya que además, tengo abundante cuerpo de Cristo (pan).
Herboristería.
El sitio a donde acudir si comer con tenedor te cayó mal.
Puerta de entrada a la medina.
Haciendo lo que se puede.
El mercado un domingo, mucho más vacío.
La saciedad estomacal hace que otra vez caigamos presa fácil de Mohi y salimos a recorrer la medina con él en lo que sería el principio de una historia de caminatas, curiosidades, acosos, extorsiones, drogas y cementerio. Pero esto lo veremos en la tercera, próxima y última parte de este post.
En la medina todo es mercados.
SE BUSCA ABUELITA DE “MOHI”!
Están los puestos tipo local como éste y los que se posicionan directo sobre la calle.
Acá uno de la calle.
Y otro.
Un tránfuga nos extorsiona en el cementerio.
¡ÚLTIMO MOMENTO! ¡Siguen las rotativas! Y ahora sólo en exclusivo para todos aquellos lectores fieles que no abandonan la historia sólo porque continuaría en otro post.
Estamos aprendiendo algo de árabe: “Salam” es el saludo y significa
“que la paz esté contigo”.
Feria y cartel.
Más carteles curiosos. Éste parece de tránsito pero ¿quién lo ve? Como dije en otro post,
al igual que en Asia, acá hay una sola regla: “la prioridad la tienen todos”.
Y uno más.
Y los dentistas que están por todos lados (aunque dada la densidad dental
o bien sus resultados son paupérrimos o bien se mueren de hambre).
Como venía contando antes de divagar, guiados por nuestro Mohi que promete hacernos una recorrida GRATIS por la medina si nos quedamos en lo de su abuelita, nos adentramos en un sinfín de calles angostas, ruidosas, sobrepobladas y olorientas. Al igual que en Tánger, dentro de la ciudad antigua las veredas no existen. Autos, motos y bicicletas tampoco entran a la medina. El temor de sus propietarios a hacerse acreedores de un servicio gratuito de chapa y pintura, suplido de bollos varios y tintura rojito “sangre”, hace que los mismos prefieran desembarcar y mezclarse así con la muchedumbre que acá sí, junto con los puestos callejeros, ocupa la totalidad de los pasadizos que forma cada medianera con su tocaya de enfrente. El ancho serpenteante varía, a ojo buen hippie que de cubero no tiene un corno, del metro a los 10 o 15,023 metros, mientras que su alto pasa de ser infinito a veces, a cavernoso por lo general. Pocas veces se ve el cielo, los puestos nunca desaparecen y el tumulto de gente, en comparación con Tánger, crece de forma exponencial. Tal es el tráfico humano que resulta frecuente verse atascado en embotellamientos antropomórficos varias veces al día. El milpiés comunitario puede tardar largos minutos en dar un paso, y a falta de claxon, salen mucho la histeria (aunque también masculina) y el griterío. Otros prefieren reír ante la incertidumbre reinante y lo irreal de la engorrosa situación, y entre ellos estamos nosotros, los únicos dos que no entendemos nada de árabe en medio de una turba iracunda que parece muy apurada pero ¿a dónde va?
Misceláneas.
Telas.
Frutas y verduras sale muchísimo.
El mercado de la madera.
Desolado.
Así como aparecen, los embotellamientos se esfuman. Sacamos partido de la onda verde y empezamos a deambular cada uno de los barrios de la medina, con sus sendos mercados especializados: están el de la madera con hombres fornidos (como yo, más, y por lo general mucho más), el del cuero, el de los elementos de cocina, el de la ropa que es el más cheto, el de la gastronomía rica, gorda y barata, el de la plata y bijouterie, y el más humilde de la carne, las verduras y las gallinas. En este último es en donde nos cruzamos por primera vez con los bereberes, miembros de las etnias autóctonas del Magreb que se distribuyen en el norte de África, del oeste del Nilo hasta el Océano Atlántico, y más densamente entre Argelia y Marruecos.
Comida del barrio gastronómico del mercado.
Sah Sah, un licuado de palta, azúcar yogurt, frutas y canela. Una delicia.
Otra toma, una fiesta para el paladar a tan sólo 13 Dirham (€1.2).
Biscochuelo (3 Dirham la porción).
Macitas finas (30/50 Dirham el kilo según naturaleza de la macita).
Chegusán (atún, tomate, lechuga, cebolla, zanahoria, aceitunas, papas fritas,
mayonesa, ketchup y picante: entre 10 y 14 Dirham).
Cumplida la etapa de caminatas y curiosidades, todo parece indicar que el momento de acosos, extorsiones, drogas y cementerio ha llegado. Para ello nos dirigimos colina arriba. La idea es tener una vista panorámica y pacífica de la ciudad antigua pero hete aquí que a mitad de camino Mohi saca a relucir su maléfico plan del bolsillo: una diminuta piedra de lo que mi vieja denominaría “droga” y que más comúnmente se conoce como hash. Su intención es enchufárnosla a cambio de €10. Ante nuestra negativa y mientras seguimos subiendo, nos cuenta de su pobre “Mohicito” que, pequeño él, lo espera en su casa con unas ganas locas de que “papi Mohi” le lleve “algo”. Pero nosotros seguimos negándonos rotundamente al contrabando de sustancias prohibidas y dañinas. Está claro que en la mente de un marroquí no entra la posibilidad de que alguien le diga que no a sus magníficos ofertones primavera-verano, y es ahí cuando empieza la etapa de extorsión con aprietes del tipo “amigo, estamos afuera de la medina y mi casa acá al lado, puedo quedar acá sin acompañar”. Nunca mejor dicho Mohi, quédate acá y nosotros volvemos solos. Tampoco. Mohi se pone firme en que quiere €10 a cambio de droga. Para estas alturas la cosa se va poniendo tensa. Cada oferta que nos hace le decimos que no y cuando nos queremos acordar nos encontramos con un panorama turbio, en las afueras de una ciudad que no conocemos, más perdidos que tubérculo en una fiesta de cominos, y encima sin música, sin pito, sin matraca y mucho menos flauta: divisando, por el contrario, personas encapuchadamente misteriosas y rodeados de otras que de seguro habrán sido muy misteriosas: ¡en medio del cementerio!
El cementerio.
La panorámica desde allá arriba (tan mala no era).
Ya en la ciudad otra vez.
Uno que cuya TrancaroLidad jamás corrió riesgos en el cementerio.
A esto le sumo que de pronto ya no escucho a Aniko caminando detrás de mío. Imagino que estará abrazada a la copa de un árbol haciendo señales de flashes a algún extraterrestre amigo, pero no, simplemente se retrasó unos 20 o 30 metros por si las moscas. Mohi, por su parte, está cada vez más enojado y empecinado en llevarnos por senderos inhóspitos bajo el lema “nos lo voy a dejar acá porque no quiero que digan que Mohamed los llevó a un lugar a donde les pasó algo malo” así que denme los €10 y les indico cómo volver. Ya un poco hartos del energúmeno, decidimos darle €5 y mandarlo a freír churros.
O a llorar a la Iglesia? (A las mesquitas sólo entran los musulmanes).
Abuelita transexual?
Más mercado en la ciudad moderna.
El sombrero propio de las señoras berebber.
Agasajados con la hospitalidad árabe-marroquí (Tétouan como en casa).
Por la noche comenzamos a entender el por qué de la fama mundial de la hospitalidad árabe-marroquí. A pesar de nunca hasta el momento cruzarnos con la abuelita ni la casa oler a vieja ni a cera de depilar, otras 5 personas viven allí y empezamos a entablar una grata amistad. Uno de ellos, “BRAVO PÍÍ PÍÍ! LARGA VIDA A LA REINA ANI! AHH AHH” habla muy bien español y dedica su tiempo al TrancaroLeo acérrimo, con lo cual fácilmente entramos en confianza (y aunque sobre él no puedo decir mucho porque es uno de los más grandes “Personajes de Viaje” del blog y todo lo que le confiere va a ir en la correspondiente sección y en el próximo post, puedo anticipar que era algo así como un loco lindo que se habría enamorado platónicamente de “La reina Ani” adjudicándole poderes reales y nombrándonos a todos los demás súbditos y lacayos). La señora de la casa, Fatima, por su parte, aparece sólo de a ratos (que por lo general coinciden con los momentos previos al almuerzo o a la cena). Cocina varias veces pero sólo una se sienta en la mesa con su hijo Jafar de 14 o 16 años y pico, “BRAVO PÍÍ PÍÍ! LARGA VIDA A LA REINA ANI! AHH AHH”, La reina Ani y yo.
Jafar, desde el primer piso.
BRAVO PÍÍ PÍÍ! LARGA VIDA A LA REINA ANI! AHH AHH!
Fatima cocinando.
En el transcurso de los dos días siguientes nos dedicamos a hacer un recorrido gastronómico por la cocina marroquí que incluye cous cous de pollo, tajín de pescado perparado por Jafar, kifta de carne, sopas marroquíes varias y pollo asado. Somos parte de la familia, ya que además de compartir gran parte del día con ellos aprendiendo frases en árabe, charlando sobre homeopatía y otros tópicos interesantes de la vida, por la noche TrancaroLeaMos sobre unas pieles de oveja (que espero hayan sido sintéticas) en un cuartito del entrepiso junto a “BRAVO PÍÍ PÍÍ! LARGA VIDA A LA REINA ANI! AHH AHH” y “Canario, quien en buena hora ciñó 68 tés” y acreedor de otro gran espacio en la sección “Personajes de viaje” de TrancaroLa poR el muNdo.
El tajin de pescado, by Jafar .
Kifka de carne, para comer con la mano y pan.
Preparación del pollo
Y ya en la mesa.
El búnker del entrepiso.
El último día de nuestra estadía rodeados por a esta gente hermosa se lo dedicamos por completo al arte culinario de la infusión. Junto a “BRAVO PÍÍ PÍÍ! LARGA VIDA A LA REINA ANI! AHH AHH” tiramos sobre la mesa nuestros dotes olfativos (para lo cual la naturaleza me proveyó de muchos rulos que disimulan una gran nariz) y tras examinar cada una de las distintas especies de hierbas con la cual se prepara el mejor té que tomé en mi vida, procedemos a dejar que “BRAVO PÍÍ PÍÍ! LARGA VIDA A LA REINA ANI! AHH AHH” nos agasaje con su último gran manjar.
La hierbas para preparar el mejor té.
La combinación de las 8 distintas hierbas le llevó 20 años de experimentación.
Rosas.
Los apuntes sobre la preparación.
Sirviendo el preciado manjar.
Hay un par de hitos de la estancia relativos a la adoración de “La reina Ani, larga vida a su majestad” que hacen del personaje “BRAVO PÍÍ PÍÍ! LARGA VIDA A LA REINA ANI! AHH AHH” y que por ende no puedo develar acá. Pero prometo un gran post del personaje, con video y todo.
Genio!
Nos firmó los cuadernos (A Ani con dedicatoria especial, obvio).
Y otro amigo que me firmó en árabe y francés.
Mientras tanto, sólo agregar que durante nuestra estadía en la hermosa Tétouan, cuya medina es Patrimonio Cultural Mundial, además de sentirnos acobijados por una ciudad en donde somos los únicos turistas y cuyos lugareños por lo general odian las fotografías (con lo que eso significa para dos “bloggers de viajes”) nunca sentimos ni por cerca la más mínima sensación de inseguridad, ni siquiera cuando somos dos más en medio de embotellamientos y amontonamientos callejeros. Tampoco cuando caminando por la calle conocemos a Hamid, un turco-argentino que vivió en la cárcel 2 de sus 20 años en Haedo (Argentina), y quien fue tachero, tomó mate y al parecer dejó una hija allá, a quien nos pidió le enviáramos estas fotos de parte de su papá, que según sus propias palabras “es muy bien conocido por todos en la embajada de Marruecos en Argentina y por su gran abogado”. De la embajada nos anotó su teléfono para a través de ellos contactar al abogado y así a la nena (?). Esa misma noche, estando yo trabajando con el blog en la entrada de la pensión, se acerca este energúmeno a tocar la puerta. Pensando que es “Canario, quien en buena hora ciñó 68 tés” ya que me hace señas como si la puerta estuviese trabada, me acerco y le abro un poco. A partir de entonces el tal Hamid se pone algo más que pesado queriendo entrar sí o sí y sin yo saber qué catzo hacer. “BRAVO PÍÍ PÍÍ! LARGA VIDA A LA REINA ANI! AHH AHH” observa todo desde la oscuridad de una pequeña ventana del entrepiso pero como no dice palabra, decido irme a trabajar de nuevo dejando la puerta semi abierta (el turco no me deja cerrarla). Yo me desentiendo por completo de la situación ya que no es mi casa y es recién ahí cuando desde sus respectivas ventanas toman la batuta nuestros dos personajes de viaje, teledirigiéndose mutuamente con Hamid, sendas puteadas aire-tierra en árabe, marroquí, argentino, turco y geperinpingoposopo.
Hamid, el argentino.
Una que nada que ver con Hamid.
La verdadera abuelita nunca apareció. Chamuyo o sesión de depilación?
Los únicos con cámaras.
La Reina Ani y los dos súbditos. Larga vida!
Antes de irme de Tétouan, encontré a mi hermano menor (aunque
con peluca yo también tengo esos rulos)
- Foto de Aniko Villalva – Modelaje Top: Andi – Maquillaje: no hace falta.



me encantóooooo
después haré más comentarios al respecto, por ahora solo puedo reírme!
que personajes! muy bien descriptos. Que momento en el cementerio! muy buenas las fotos de arquitectura al principio del post. seguei contando tus divertidas anécdotas.