Volar sin miedo

Miedo a volar: “Cagarse en las patas a 30.000 pies sobre el nivel del mar y cómo se puede superar”.

 

De New Zealand a Australia.

 

“Tripulación de cabina, prepárese para el despegue” se escucha desde alguno de todos esos recovecos llenos de incógnitas que hacen a la mole metálica de 300 toneladas con la cual el ñato que pilotea y todos los que dependemos de él y su pericia planeamos volar. Acto seguido siento qué tan instantáneo puede llegar a ser el llenárseme el culo de preguntas: empezamos a carretear.

 

El cagazo en origen: el ticket.

Desde el mismísimo momento en que tipeo “low cost flights” en Google comienza a cobrar protagonismo en mi cabeza una vorágine de fantasías que hacen que todo lo lindo de viajar se vea amenazado por imágenes que van desde una simple y repentina muerte por explosión hasta el abominable descubrimiento de la ausencia de 3/4 del ala derecha atrás del fuego que yace en la turbina que no se desplomó 30.000 pies hacia un océano infestado de pirañas atiburonadas.

Para que no se diga que exagero. (También habría pirañas atiburonadas)

 

Examino entonces no sólo qué tan low cost es el precio del pasaje que voy a adquirir, sino también cada uno de sus detalles. Y lo hago minuciosamente. Que el vuelo sea sin escalas (o con las menos posibles), es una prioridad: ¿para qué me voy a tomar el julepe de despegar y aterrizar en cuanto aeropuerto pedorro se me cruce por el camino, si ya sé que en el Ministro Pistarini (Buenos Aires), dependiendo de la suerte y del día, podemos llegar a gozar de muchas de las irregularidades que a nadie le gustaría experimentar? Y si pasa en Argentina, puede pasar en cualquier otro país poco serio. No, gracias, prefiero no frenar. Filtradas las escalas, pongo atención en la aerolínea. Su reputación la tiene que ubicar entre las mejores del mundo y eso es fundamental: si vamos a morir, por lo menos que sea con buen morfi en el estómago y arropados por una suave mantita, pienso. Por otro lado, dejar este mundo sin las facultades para distinguir una horripilante muerte en picada con los ojos desorbitados de una zonza pesadilla parece una buena alternativa, con lo cual, si vuelo de noche mucho mejor. El asiento tiene que ser ventana, obvio, y lo más adelante posible, ya que es la parte del avión que menos se mueve, proveyendo al pasajero de un impacto seco que dista mucho del pánico que experimenta quien va atrás y ve en la cruel muerte del compañero de las primeras filas lo que a él mismo le espera unos microsegundos después. Equipaje, clase, aeronave, operador, validez, penalizaciones y etcéteras son otros datos que, aunque en menor medida, no dejo de investigar. Una vez que me conozco al dedillo los detalles de cada uno de los vuelos de por lo menos 6 o 7 aerolíneas, le doy a cancelar y dejo la compra para el día siguiente.

Búsqueda de vuelos baratos en www.momondo.com (web low cost recomenda).

 

Alguna de las cosas que me imagino pueden no ir de para bienes durante el vuelo.

 

Las ventanillas son aptas para el TrancaroLeo volador.

 

Suelo pasarme días y hasta semanas comportándome de esta estúpida manera hasta que finalmente me decido por uno de los pasajes y, con el dejo esperanzador de que sea en uno de los que aeroplanos que no se caen, confirmo la transacción. Billete electrónico en bandeja de entrada, ya no hay nada más que pensar. El destino está comprado y si se tiene que caer, se va a caer.

A veces, cuando uno no tiene plara, simplemente sale el vuelo más barato. En este caso, de NZ a Tailandia vía Australia y Malasia.

 

El cagazo in situ: las cábalas.

Justamente ésa es una de las frases más recurrentes por parte de la innumerable cantidad de amigos y desconocidos a quienes les cuento sobre la inminencia de mi embarque aeronáutico. Sí, se trata el mío, claramente, de un “cagazo a voces”. Es como si en el compartirlo reposara la agónica esperanza de que un día y por arte de magia algún iluminado encuentre eso que me tiene que decir para que, así como así, se me esfume la fruncitis ojetusqüe que me aqueja. Pero no. Todos repiten lo mismo: “Andi, es el medio de transporte más seguro”, “hay más posibilidades de que te mueras en un bondi destartalado que supera los chequeos de Macri a que se caiga tu avión” o “boludo, no pasa nada”. Todos tratan de explicarlo racionalmente, pero lo que nadie tiene en cuenta es que, más allá de la seguridad, las posibilidades y mi boludez,  el miedo no sabe razones.

Tasas de accidentes por año. (Fuente: informe Boeing, a subirse completo en próximos post)

 

Es por eso que recurro a lo infalible: las cábalas. Antes de subir al avión, siempre y riguroso, lo primero que me fijo es su nombre. Este no es un dato menor, ya que si se trata, por ejemplo, de uno de los Jumbos de Iberia bautizados en homanaje a grandes escritores españoles, me la paso todo el vuelo propinándole frases motivadoras del estilo “Vamo Lopecito, vos podés” o “Metele huevo, nene, como Lope de Vega cuando no estaba tan inspirado” o “Dejá de moverte así la reputísima madre que te parió, amigo”. Ahora, ¿qué pasa si el avión no tiene nombre? O peor aún, si efectivamente lo tiene, pero no llego a avistarlo antes de subir.

Obviamente, ni fila 13 ni 17. Que le den mala suerte al que se sienta en la fila de adelante...

 

Fuerte. La forma en la que no hay que dejar de agarrarse.

 

Es en estos momentos cuando me adentro en terrenos turbios y escabrosos por demás. Situaciones en las cuales acudo a la introspección para indagar, ya con el culo hundido en el asiento y el cinturón ajustado de modo tal que me deje los huevos en la garganta, si no soy un boludo importante por haberme programado un montón de cábalas que además de no tener una razón de ser (por lo menos no una científica), ahora me juegan en contra ya que no practicarlas, obviamente, hace que se acrecenten drásticamente las pocas chances que tenía mi avión de ser ese uno-en-tres-millones que fatídicamente cae*. Mientras procedo minucioso con platicarle al de al lado, pispear hacia dónde correr en caso de apocalipsis, chequear gestos de las azafatas, interpretar posibles significados de los siniestros gestos de las azafatas, arrancarme la barba, compartir el olor a pata y todas mis otras infalibles cábalas, la respuesta se vislumbra afirmativa. Sin embargo, por ahora, me vienen funcionando regio. (Esperemos sigan así.)

*dato correspondiente al año 2012.

El azafato buena onda de LAN, que le dedicó todo el vuelo BsAs-Santiago-Auckland a boludearme con el miedo a volar, un amigo.

 

El cagazo en destino: el manija.

El único momento placentero del vuelo es cuando las ruedas, después de haberse desplegado heroicamente sin atascarse, tocan la pista, es decir, cuando el “vuelo” se hace “terrestre”. Para ese entonces ya estoy todo traspirado, oliendo pésimo, con ojeras, pelo engrasado y sin energías para nada, todo producto de lo bien que la pasé allá arriba. En ese estado calamitoso me dispongo a abrazarme con los que más quiero. Estudios estadísticos dicen que hay más posibilidades de morir víctima de violencia doméstica que en un accidente aéreo. Sin embargo, no veo la hora de llegar a casa y relajarme. Aunque no siempre lo logro: en medio de la desesperación, y como otra de mis cábalas, siempre que viajo me digo, y le digo, que si se va a caer, que se caiga el vuelo de vuelta.

"Ya que llegaste hasta acá no te vas a caer ahora, ¿no?", pienso mientras nos aproximamos a la pista de Gold Coast, Australia, o a cualquier otra.

 

Gloria, momento de. Cuando clava los frenos. (Gold Coast, Australia)

 

Boludeo, momento de. La felicidad de tocar tierra firme, a veces, nos sobrepasa.

 

Cagazo no more.

Así de cruda es la realidad del viajero con colitis. Pero por lo menos a mí, ya no me placen más las compras postergadas, los aeropuertos paranoico, las charlas distractivas y sin sentido con la viejita sorda que me cagó la ventanilla o los despegues soplando para abajo a ver si levantamos. Tampoco la espalda apelmasada 20 hs. en bondi con un gordo encima en vez de al lado.

¿Para ayudar? De Menorca a Londres me pidieron que me siente en la salida de emergencia.

 

Es por eso que he decidido afrontar mi miedo, intentar superarlo. Empiezo un curso con el fin de que semejante cagazo devenga, como mínimo, cagazo placentero. Se trata del “Seminario Volar sin Miedo”, con el Licenciado Modesto Alonso, psicólogo y picoterapeuta especialista en psicología aeronáutica. La idea es no sólo tratar mi miedo, sino además, cubrir todo el tratamiento con reseñas en TrancaroLa poR el muNdo. En ellas voy a ir contando de qué se trata el mismo, cuáles son las técnicas empleadas, el equipo de profesionales que lo lleva a cabo, la modalidad de las sesiones, temas que vamos tocando en cada una de las entrevistas y, además, cómo siento que repercute en mi miedo la evolución del tratamiento y si es que lo estoy superando o que cada vez tengo más cagazo.

150%. Es la carga extra (comparada a la máxima posible en una tormenta) con la que se testean las alas de los aviones. Una de las cosas que ya me explicó el Lic. Alonso.

 

Además, incluiré datos útiles sobre aeronáutica, informes y documentales. Ya estuve investigando, por ejemplo, sobre cómo vuelan los aviones y los tests que se les hacen: el material es iluminador. Propongo también, que quienes quieran hacer consultas, sacarse dudas o compartir inquietudes, tengan a bien hacerlo vía comentarios en los posts. Yo se los trasmitiré al Lic. Modesto Alonso, a ver si nos ayuda, ahora que estamos con el culo bien pegado al asiento, a uno que no se va a ir a ningún lado más alto que el noveno piso de su consultorio, a encontrar las respuestas para sentirnos TrancaroLas la próxima vez que escuchemos, proveniente de algún recoveco cercano, un “Tripulación de cabina, prepárese para el despegue”.

Doy por inaugurada entonces la nueva sección de ayuda al viajero atemorizado: “Volar sin miedo”.

Por muchas otras fotos con ojeras, chivados y pelo engrasado, pero sonrientes, en destino.

 

Otros post que te pueden gustar tanto como una cabina de avión despresurizada con Cristiano Ronaldo adentro y poniéndose los ojos en órbita:

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About ANDI

Cuando terminé la secundaria le dije a mi viejo que quería irme un año de viaje. "Estás en pedo!", replicó. Nueve años más tarde renuncié a mi trabajo, armé la mocha y empecé un blog. Hoy viajo por el mundo improvisando destinos, conociendo otras culturas, apasionado con la fotografía y abierto a nuevas experiencias y amigos. Hago lo que me place y lo comparto con todos. Y como como quiero vivir de eso, he aquí TrancaroLa poR el muNdo.

9 Responses to “Miedo a volar: “Cagarse en las patas a 30.000 pies sobre el nivel del mar y cómo se puede superar”.”

  1. On May 24, 2012 at 21:01 Paula responded with... #

    100% identificada… y viajo el domingo! =(
    Beso grande!

  2. On May 25, 2012 at 02:41 nizalet responded with... #

    Tengo pánico a volar, me supera, tengo que meterme medicinas de tipo ansiolítico o similares para calmarme y ni con eso lo soluciono. Tengo un viaje el próximo mes que incluirá muchas escalas y muchos aviones…de solo pensarlo me sudan las manos…POR FAVOR PUBLICA MAAAAAS!!!!

    • On May 25, 2012 at 03:27 ANDI responded with... #

      jaja! Estás como yo entonces! Nada más que cambio las pastillas por birra y vino! En cuanto vaya a la próxima entrevista subo más! Espero que te sirva! Beso!

      pd. TrancaroLizate, es el medio más seguro, no pasa nada!

  3. On May 25, 2012 at 13:40 dogor responded with... #

    despues de decadas de volar, la unica solucion que le encontre al cagazo es un corcho de sidra …

  4. On May 28, 2012 at 00:13 Fla responded with... #

    Chicos me pasa lo mismoooo… Manos sudorosas, ruido de tripas, desesperación al momento del aterrizaje (para mi es peor q el despegue pero al menos se que ya estoy más cerca de destino) casi siempre no puedo evitar pegarle un chirlo a la mano del que tengo al lado y estrujarsela.. seguido de un disculpe jiejejejej yyy para coronar este momento sieeempre se me caen lágriiiimasss en seco nomás! qué pateticooo pero inevitable hasta el momentoo así que quedo a la espera de la magia del dr. Modestooo. Beso!

  5. On September 16, 2012 at 08:15 Patricia responded with... #

    Andi ayer encontré este post en un blog de viajes y me acorde de tu miedo a volar. Aquí te dejo el link, espero te sirva de algo.
    http://www.diariodelviajero.com/consejos/cuales-son-las-probabilidades-de-sobrevivir-a-un-accidente-de-avion-muchas-sobre-todo-en-un-asiento-barato
    Saludos!!!!

  6. On April 17, 2013 at 04:47 stair hardware responded with... #

    Balusters, or even spindles, also come in a wide variety of styles.
    Lucille “Two”- Lucille Bluth (Jessica Walter), the matriarch of the Bluth clan has an arch-rival also named Lucille.
    The end result is a client that can walk and perform daily tasks more
    freely and with a higher level of confidence and independence.

  7. On April 30, 2013 at 13:36 sami responded with... #

    jajaja, creí que era la única que pensaba todas estas cosas cuando me subo a un avión!! Me vi reflejada y me reí de mí misma. :D

  8. On October 25, 2013 at 00:54 zuh responded with... #

    That’s horrible, sufri de solo leer tu post, me encanta viajar, ya deberia estar acostumbrada pues me la paso en un avion y cada ves sufro mas, estoy en my hometown visitando a la familia y me tengo que regresar, ya perdi un ticket pagado de regreso porque simplemente me entro el panico y bueno no es la primera ves que lo hago, ufffff, quiero darme un saltico por spain para dar el curso pero tendria que montarme en un avion desde miami. Please cuenta mas si pudistes vencer el miedo. Me toca un viaje de regreso larguisimo y simplemente no puedo :( Espero que te haya ido muy bueno en tu curso. Good luck :), By the way, encontre esta pagina que me parece muy buena buscando como afrontar el miedo a los aviones y una cosa me llevo a la otra y me traslado por aca.

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