Koh Phangan
Llegamos a Koh Phangan! Después de meses imaginándonos el momento, nos encontramos todos en esta isla paradisíaca del Golfo de Tailandia.

La isla. (Nota: los nombres aparecen escritos de mil maneras distintas, así que elijo una y la mantengo)
Cabar, Lu y yo veníamos de un mes y medio viviendo en Nueva Zelanda, que según sondeos hechos por quien les habla, figura claramente entre los 7 países más amargos del mundo (a las 19hs la gente desaparece, no sé si raptada por algún Tinelli local o por sus bolsas de agua caliente, pero lo cierto es que a esa hora la vida social de NZ muere). Yo venía con el agregado de que mis 3 últimos días me los había pasado viajando, con fiebre y drogándome a diestra y siniestra para llegar a Tailandia lo más entero posible. Y así llegué. Pisé la isla y ése fue el primer momento en 3 días que no me dolió nada. Había que festejar.
Estos antecedentes, sumados a la necesidad de fiesta que tenía y a “Bruce y Partner”, (un nuevo juego de eskabio que tenían los chicos y que al parecer estaba tongueado porque perdí toda la noche), me pesqué un estado etílico maravilloso y envidiable, digno de primera noche en uno de los lugares con más fiesta del mundo. Y justo la de ese día la organizaba el complejo de al lado al nuestro y era una Pool Party! ¿Qué más podía pedir?
Los detalles de la fiesta no vienen al caso (porque tampoco me los acuerdo), pero las heridas de guerra ilustran un poco lo que fue: cabar terminó con corte bastante importante (5cm) en una de sus piernas, sector tibia, producto de que algún borracho fuera de sus cabales (léase yo) quiso tirarlo a la pileta con éxito pero sin pericia (léase que se la pegué contra el bordé y después sí lo tiré); y yo terminé con un tímpano roto (el de siempre, por novena vez) producto de que algún borracho fuera de mis cabales me tiró de cabeza a la pileta con toda las vías respiratorias inflamadas. Mala suerte, buena fiesta. Puede pasar.
Al otro día nos mandamos a una de las playas del norte de la isla. Éramos nosotros más dos amigas argentinas que los chicos conocieron un día antes, una de las cuales se negaba fervientemente a subirse otra vez a mi moto después de lo que había pasado la noche anterior. Mi versión es que estuvo todo siempre bajo control, así que es su palabra contra la mía.
Entre las actividades destacadas figuraron hacer la plancha sobre el agua turquesa transparente, laburar el bronceado todo el día en playas de arena blanca y finita, desplegar unas buenas “Magic Welcomed” con la 1.5 y soportar la abstinencia a la Big Chang (por los antibióticos, nada de birra).
Esa noche era la previa a la Full Moon (ver apartado) así que no hicimos mucho más que trancarolear. El siguiente también se lo dedicamos al trancaroleo intenso en unas playas hermosas de Haat Rin que destacaban por sus palmeras con vista al mar. Todos menos Luciana, a cuya actividad principal le mechó un par de “Forbidden Magics”: la primera, amagándole para un lado y el otro a un motociclista que venía por una curva bajando la montaña. Pobre pibe no supo qué hacer y por esquivarla se pegó flor de palo. Tenía tal calentura que ni nos dirigió la palabra. Sana y salva Luciana, sin rasjuño alguno, decidió que esto no podía quedar así. Después de dar los últimos pasos sobre un palo que la llevaba de una a otra roca de la playa, olvidó levantar la vista y se la puso, de lleno con la frente y sin ningún tipo de amortiguación, con la punta de una de las típicas casas de los espíritus que hay frente a cada hogar (son unas casitas en donde la gente deja ofrendas para que los espíritus no entren a sus casas). Ésta era la de un hotel, así que bastante prominente también. Y como si esto fuera poco, a la noche, caminando hacia el centro se llevó puesto con el hombro todo un cartel luminoso que osaba ponérsele justo delante de ella.
El resto de los días en Koh Phangan siguieron igual que los previos, con uno mechado de trancaroleo extremo sin movernos del Laid Back después de la Full Moon.
Entre las cosas que me llamaron la atención de acá, cuento la de los monos que con largas sogas atadas a modo de correas a sus cuellos eran mandados por sus esclavizadores hacia lo más alto de las palmeras para que desde allá arriba les tiren cocos, el “la prioridad la tienen todos” a la hora de manejar, los atardeceres entre rosas y anaranjados sobre el mar y los cables pelados en todas las esquinas sacando chispas a más no poder.
Koh Phangan, nuestro primer destino oriental. Fuimos, lo vivimos y nos divertimos.


















me parece que te olvidaste de comentar sobre la full moon… o no te acordàs nada, jajajaja ahí conocí al grossisimo sven vath
jajajjaja….! sven llega a tailandia?
gran gran gran post
se me caen las lagrimas
recuerdos imborrables
sigan rompiendola
gracias gabo! lo hicimos los 6 juntos!
juanchi, ansioso! estaba tipeando! ahí tenés!
besos a amboss! y rockkkkkkkk!